sábado, enero 14, 2006

Propuesta Pedagógica y de Investigación

SUGERENCIAS PARA PENSAR EN EDUCACIÓN FORMAL EN UNA SOCIEDAD COMPLEJA Y CONFLICTIVA.
La investigación es una de las características fundamentales de las personas. Nuestros sentidos se han conformado para recibir, analizar, descubrir, relacionar... Somos seres procesales: procesamos energías, impulsos, sentimientos, palabras, ideas... Eso lo hemos comprobado todos con nuestr@s hij@s o los hij@s de nuestr@s amig@s en los primeros meses de vida y sin necesidad de escuela.
Por ello hemos de rescatar y promover la investigación creadora, cercana, divertida, permanente....y base fundamental y determinante de todo aprendizaje, de todo modelo educativo.
Se trata de aprender/investigar sin límites, con anticipación, libertad, cooperación, competencia personal/social, solidaridad, crítica, apertura y curiosidad, sin dogma. Y todo eso está contra un sistema único, sometedor y excluyente.
Ante esta situación, y especialmente si reflexionamos sobre la nueva sociedad que se desarrolla, nos hemos de plantear científica y éticamente, la formación base y continuada, el perfil y el trabajo del educad@r. No podemos seguir siendo solo transmisores de conocimientos e información porque eso es ya un trabajo tecnológico caduco; hemos de jugar a ser indicadores, favorecedores, copartícipes procesales, más epistemólogos que enciclopedias vivientes.
El fracaso escolar es el fracaso del sistema, del sistema educativo y social. Pero ¿cuál es el papel que estamos jugando los educadores?
A menudo es difícil distinguir. Con demasiada frecuencia, el uso de las nuevas tecnologías, la puesta en escena y nuestro propio vocabulario, parecerían que optamos decididamente por la opción ética, metodológica, social y filosófica de la investigación/acción participativa, y por el contrario, sólo estamos arropando y disfrazando el modelo de formación que defiende el mercado. Es más, muchos de los grandes “gurús” de la formación continua, de las “nuevas estrategias educativas”, del papel de la universidad y de los desarrollos curriculares “adaptados a las necesidades reales” practican una promiscuidad sin sonrojo de estos conceptos y del pensamiento único.
Hemos de optar por un modelo no-bancario (Freire) y sí liberador, que promueva el proceso de convertirse en persona (K. Rogers) ante las exigencias colonizadoras y especialmente clonizadoras de la mundialización. Se ha de trabajar en equipos multiexperienciales, no sólo multidisciplinares cuyos trabajos y resultados no son la suma aritmética de sus saberes, sino que las competencias conseguidas por esos equipos son “procesales, químicas, afectivas, geométricas y socialmente diferentes”. No se trata de un modelo jerárquico y disciplinar donde la conflictividad sólo tiene una respuesta sancionadora y punitiva que engendra segregación y marginación.
Se trata de trabajar un modelo de red, tanto vertical (en tiempo y en niveles) como horizontal, en solidaridad. La formación a lo largo de toda la vida (vida cronológica y espacial) se ha de asemejar al modelo inteligente, neuronal, donde el conocimiento se produce por relación intersticial. No se trata de conseguir un título, de llegar a un final, aunque lícito, sino de descubrir y ayudar a descubrir el placer de aprender, de indagar. Ese modelo taxidermista que conforma todo su esfuerzo en conseguir de los alumnos la adquisición de unas habilidades o conocimientos con una intención productivista, esfuerzo-ganancia o premio, a mi entender no es educación, es, cuando más, instrucción y lo que le interesa al sistema.
Habremos de considerar la inteligencia como realidad viva, no estática e irrecuperable, (fundamental a la hora de plantearnos los currículum, las aptitudes, los fracasos en edades tempranas o adolescentes), multiforme, donde lo racional, afectivo, sensitivo, experiencial e imaginativo la conforman (Goleman). Esto es muy importante para la desconstrucción del nuevo “orden” que nos desean imponer. Ante una civilización icónica, impulsiva, jerárquica y uniformante es urgente trabajar por la “individuación solidaria”, donde todos y cada uno hemos de ser gestores y procesadores de información dispersa, interesada y blindada.
Por último, en una sociedad cambiante, mestiza y global, es imprescindible una evaluación cualitativa constante y no considerada como exámenes reaccionarios que sólo responden a una concepción estática y jerarquizada de la sociedad, sino como proceso de aprendizaje donde se acentúa, si cabe, la competencia, el proceso de aprendizaje; una evaluación de todo el sistema y de cada uno de sus protagonistas, no sólo de los alumnos.

Francisco Barco Solleiro