domingo, marzo 16, 2008

Semana Santa

Nunca me había atrevido a escribir sobre este tema. Lo he comentado muchas veces, pero sentarme a escribir, nunca.
Con el deseo de aportar visiones diferentes me permito entrar en ”conversaciones”, con estas breves notas, preguntas y sugerencias.
Soy de Sevilla, vivo y he vivido en Sevilla siempre. Con pequeñas y breves ausencias he crecido y voy envejeciendo en esta ciudad y en este entorno, del que me siento enamorado y deudor, pero no ofuscado. Me considero ciudadano del mundo, como dice nuestro himno: “por Andalucía libre, España y la Humanidad”, sin que tampoco me deslumbre esto de los himnos y banderas.
Desde mi adolescencia cercana a la primera juventud intento seguir a Jesús, con más o menos acierto, en una vida que se parece mucho al Guadiana, y nunca, nunca, me ha gustado la Semana Santa en su expresión religiosa popular de mi ciudad, ni de Andalucía, ni de ninguna de las expresiones que conozco y que son todas deudoras de la mentalidad histórica, de la teología y de la organización jerárquica de la Iglesia Católica en cuya tradición me encuentro. ¿O son mejores o peores las tradiciones castellanas, vascas, valencianas o gallegas, por decir algunas? ¿Se salvan, por algún motivo, las de otras latitudes incluidas las vaticanas?
Creo que son respuestas caducas a un modelo histórico y que en estos momentos, en una sociedad icónica, donde se prima, por el modelo bisensorial de la cultura televisiva, la simpleza del mensaje, superepresentado dramáticamente con un lenguaje y un mensaje directamente enviado a nuestro sistema límbico, la adhesión emocional e identitaria, muy difíciles de cambiar. Además aportan empleo, riquezas, turismo, e incluso, cierta cohesión social muy conveniente al sistema. Por eso me parece un despropósito analizar este fenómeno desde paradigmas de fe, religiosos o espirituales. Jesús tuvo que buscar su camino a pesar de su educación, cultura y entorno fariseo; nosotros también. Pero Jesús no se dedicó a maldecir a los que practicaban la Ley, como le ocurrió con el joven rico, sino que les indicó donde estaba el camino, cosa que le costó toda su vida, no lográndolo hasta su muerte en la cruz (Filipenses).
Para nosotros los mediterráneos, y los andaluces lo somos, la calle, las fiestas primaverales, como son éstas, son de ritos iniciáticos, de descubrimiento de nuestros cuerpos, de la conquista de nuestros territorios ampliados, de nuestra liberación paterna. Aún recuerdo con emoción esas salidas con otros adolescentes sin la tutela de los mayores, ese conquistar la ciudad sin miedos, esas miradas a las niñas que, como dice Manuel Machado, se hacen mujeres por primavera, ese primer beso quitado al rubor… Eso, y el olor, la música, el color, educación emocional, sirvieron para a-prender la vida, en un rito de vida y muerte, como el que se representaba encima de esos pasos.
Queridos amigos y amigas, eso es también lo que celebramos y a nosotros nos toca descubrir, como todos los días, como todas las primaveras, según reza en el poema de Antonio Machado y en la canción de Serrat, coger las escaleras para ayudar a Jesús a hacer presente el verdadero Reino del Padre.

3 Comentarios:

At 11:14 p. m., Blogger Paco said...

Paco, me ha gustado tu reflexión, yo soy andaluza y tambien lo veo así.
Pero...un día mi padre me dijo que veia a Jesús Nazareno como "un Jesús triunfante" aclamado por el pueblo. y Luis Maldonado dice que la forma que tienen los andaluces de aclamar al Cristo es una forma de entender la Resurrección.
Así que, aunque a mi no me dicen nada nuestras imagenes y la parafernalia que las acompaña, no sey capaz de juzgar los sentimientos que despiertan en otras personas como nuestros paisanos.
Un abrazo, Pilar

 
At 11:14 p. m., Blogger Paco said...

Paco, me ha gustado tu reflexión, yo soy andaluza y tambien lo veo así.
Pero...un día mi padre me dijo que veia a Jesús Nazareno como "un Jesús triunfante" aclamado por el pueblo. y Luis Maldonado dice que la forma que tienen los andaluces de aclamar al Cristo es una forma de entender la Resurrección.
Así que, aunque a mi no me dicen nada nuestras imagenes y la parafernalia que las acompaña, no sey capaz de juzgar los sentimientos que despiertan en otras personas como nuestros paisanos.
Un abrazo, Pilar

 
At 10:25 a. m., Blogger Paco said...

Paco, me gusto mucho esta reflexion. Aunque la semana santa en Sevilla, sobre todo esa primera vez en 1993, ha sido algo emocionante y atractivo para mi, se que tiene aspectos que son superficiales o falsos. Lo que me atrae es que es tan diferente de lo que conozco yo. Lo que hacemos los menonitas en la semana santa (y en todo el a~no) es sencillo y mas o menos sin dramatismo. Pero eso tambien tiene sus ventajas. Se puede reflexionar de manera tranquila, sin demasiada estimulacion de los sentidos!
Una amiga de tierras lejanas.

 

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