LA MEMORIA, ALGO MÁS QUE UN RECUERDO
LA MEMORIA, ALGO MÁS QUE RECUERDOSFrancisco Barco Solleiro. Grupo de Investigación Desarrollo y Pedagogía Social
Estos últimos treinta años, además de cronología, han significado un profundo cambio en lo social, en lo tecnológico, en lo económico, en lo político; es indiscutible que nos encontramos en los comienzos de una nueva era, de una etapa diferente de nuestra civilización: unos la denominan la sociedad del tercer entorno, o telépolis, como la refiere Echeverria, J. ; otros, como Castells, M., la define sociedad informacional o red.
A la hora de proponer reflexionar colectivamente sobre los aprendizajes, las teorías y las prácticas educativas hoy, en y desde nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestros miedos y esperanzas, he creído oportuno rescatar y utilizar uno de los iconos que fueron creativos y motivadores en los años setenta y ochenta para muchos de nosotros: LAS ESCUELAS DE VERANOS O JORNADAS PEDAGÓGICAS. Hoy, quizás porque no hemos sabido o no hemos podido, o no quisimos, no sirven de referencia para los jóvenes de la comunidad educativa en cualquiera de sus niveles, desde la primaria a la universidad.
No pretendo una mirada nostálgica, que no nos debe dar miedo, ni vergüenza, no deseo ni busco unas recetas que en otro momentos pudieran servirnos, y que actualmente, indudablemente, no cubrirían nuestras demandas; sólo me interesa la energía, la orientación que en aquellos momentos nos movieron y nos facilitaron emprender nuevos caminos y que ahora deseamos nos acompañen.
Quiero, al recordar creativamente los Movimientos de Renovación Pedagógica aparecidos en los años 60 y 70 del siglo XX, generar un espacio favorecedor y creador de aprendizajes y de comunicación entre todos los protagonistas de la comunidad educativa y todos los agentes de la sociedad y, aquí y ahora, entre todos los que honestamente se consideren implicados como sujetos responsables en encontrar en todo momento, y en cualquier circunstancia, caminos que nos hagan conocer y saber aprender a lo largo de toda la vida a todos los seres humanos.
Si aceptamos encontrarnos en lo que llamamos LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO, una nueva exigencia para continuar aprendiendo, hemos de utilizar adecuadamente todos los medios que se nos ofrecen; por lo que el espacio del que hablamos se transforma, se agranda y se convierte en múltiples lugares de dimensiones diferentes: físicos, temporales, presenciales y virtuales.
Precisamente cuando hablamos de memoria, personal y colectiva, como es el título de la mesa que nos reúne, hemos de distinguirla de algo que, por otra parte, es un concepto muy actual: la memoria externa y artificial, la que nos es prestada por la nueva revolución tecnocientífica.
Hablamos de memoria externa y artificial y ello me lleva a preguntarme sobre la función de la memoria, nuestra memoria, en los procesos por los que nos hacemos y conservamos como personas, y por ende en los aprendizajes y en sus protagonistas fundamentales, el aprendiz o alumno y el facilitador de los aprendizajes o educador, que a la vez son dialécticos. Creo que puede ser peligroso abandonarnos exclusivamente en esa memoria artificial y, pienso firmemente, que ello no sería una liberación, sino una entrega expoliadora.
Me explico. Es cierto que hemos conseguido liberar funciones cerebrales cuando hemos dispuesto de un "servidor" que nos garantiza la disposición de datos que le requiramos en un momento determinado; pero la memoria no es sólo un almacén, es la argamasa de todas nuestras construcciones personales, colectivas y de especie, base de nuestras identidades y emociones y fuerza motriz de nuestras libertades. En estos momentos en los que estamos comprobando como "los señores del aire" (Echeverría 1.999) se adueñan del espacio exterior y quieren conquistar nuestra intimidad, es muy necesario que controlemos quién manda, qué desea dominar y con qué tecnología. La censura, el dominio de la red, tanto por autoridades públicas y sus policías, tenemos una experiencia tristemente cercana con el terror del 11 de marzo y la actitud de nuestro anterior Gobierno del PP, y todo lo ocurrido después del 11 de septiembre y el Gobierno de EEUU; como por empresas, léase Microsoft, que dominan las tecnologías, los flujos nodales, los contenidos y las bases de datos. Que sólo le entreguemos la parte de nuestra memoria técnica o que nos entreguemos totalmente en nuestra intimidad, será determinante en esa nueva era, en el individuo globalizado: seremos personas o "teleindividuos".
Otro peligro, en el que creo hemos caído lamentablemente, es la dejación de nuestros derechos y deberes de conservar y transmitir la memoria, esa memoria que he definido como “argamasa fundante” de nuestras construcciones, identidades y emociones individuales y colectivas.
¿Quién de nosotros sigue reconociendo, aunque sea bibliográficamente, nuestros referentes, raíces y facilitadores de nuestros saberes, conocimientos, experiencias y competencias profesionales? ¿Quién cita, casi con reverencia filial debida, a aquellos pensadores y maestros que en nuestra juventud iluminaron nuestras incipientes y dubitativas teorías y dieron fortaleza y respaldo a nuestras prácticas formativas y sociales? ¿Quién recuerda públicamente y con reconocimiento y alegría a Milani, Ilich, Neil, Tonucci, Rosa Sensat, Marta Mata, Freinet, Montessori...; o experiencias como las Escuelas de Verano, el Movimiento Cooperativo, los Colectivos de Renovación Pedagógica o Pedagogía Popular...?. Quizás se salve Freire, al menos en ciertos ambientes y tendríamos que preguntar por qué. ¿Qué alumno conoce hoy al Cura y Maestro de Barbiana? Sobre esas experiencias no recuerdo que se hayan propuesto tesis doctorales, investigaciones, máster, recogida de datos, historias de vida...
Todos hablan de la necesidad de una "nueva alfabetización" que correspondería a la nueva fase productiva de la sociedad. No discuto, incluso reclamo vehementemente, la imperiosa urgencia de extender democráticamente los conocimientos tecnológicos y los nuevos lenguajes y códigos. Pero una sociedad inteligente no necesita sólo eso; necesita que sus ciudadanos dominen autónomamente los procesos, el saber hacer, el saber pensar. Si conocemos sólo el uso, su mecánica, tendremos un mundo de buenos operarios, incluso de magníficos tecnólogos, pero no un mundo de personas humanas libres, conscientes, autónomas y participativas solidariamente; nos encontraremos con un mundo de elite dominadora y de subordinados dominados.
El aprender no es exclusivamente una meta con unos objetivos sancionables, ni un “currículum competitivo”, ni la obtención de un título; yo diría que no es precisamente: es un proceso abierto, una actitud vital indagadora y agradable, contraria a todo método coercitivo, separado de la vida y medido por estancos y exámenes llaves o títulos de reconocimientos.
Parece que no hemos entendido que nuestros modelos ya no sirven, que no basta con utilizar algunos medios y modificar algunas maneras. Hoy, y especialmente mañana, tiene poco sentido adoctrinar, llenar cabezas de contenidos, aunque estos sean nobles, "abrir el tarro de las esencias de los saberes custodiados por las Universidades" y dispensarlos. Esto no sólo no basta sino que es contrarevolucionario, va en sentido opuesto a lo necesario. Nuestro aprendizaje será el aprendizaje de saber hacer y procesar Deval, (1.980) o estamos incubando “un analfabetismo instruido”.
No podemos seguir siendo enseñantes; nuestra única oportunidad y misión es la de ser acompañantes reflexivos, epistemólogos cooperativos o, como dice Alfons Cornellá, infonomistas, es decir, añado yo, gestores críticos, democráticos y solidarios de los conocimientos y sus fuentes documentales.
Para terminar estas reflexiones desearía reconocer el valor de un principio prioritario de todo aprendizaje y que, en un mundo tan cambiante como tantas veces vengo repitiendo, se hace aún más apremiante: la anticipación. (Botkin y otros 1.979)
Siempre parece que hemos aprendido los humanos por schop, necesitábamos que ocurriera algo y posteriormente reaccionábamos. Si continuamos con esa practica pedagógica, no tendremos solución. En una sociedad que puede anticipar virtualmente cualquier situación, no nos es permitido seguir atrapados por los acontecimientos, y paradójicamente, para ese anticiparse es completamente necesario bucear libre y críticamente en nuestras raíces.
Es necesario y urgente celebrar la que llamamos “memoria histórica”, pero debemos acordar que para ejercer la memoria histórica es obligado, ineludiblemente, rescatar la dignidad, restituir y recrear el trabajo y los valores de aquello que decimos rescatar su memoria; no simplemente copiar sus recetas o proclamar sus virtudes.
Es necesario recordar, reivindicar y divulgar los distintos movimientos de RENOVACIÓN PEDAGÓGICA, “Pedagogía Popular, Movimiento cooperativo, Escuela a Tiempo completo, Escuelas Rurales..., que surgieron en diferentes lugares de España, de forma democrática, emprendedora, crítica, innovadora y solidaria; aquellos maestros, profesoras de cualquier nivel y área, padres de alumnos, y alumnos, es decir personas de todos los sectores, que incluso descubrieron y aprendieron a trabajar en RED, extendiendo sus conexiones de manera democrática, mucho antes de que aparecieran Internet y la llamada Red.
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