UNA NUEVA CIVILIZACIÓN Francisco Barco Solleiro La historia, aunque sea transmitida por vía oral o a través de aquellas imágenes ancestrales de las tradiciones culturales o religiosas, nos habla de una gran revolución: cuando el hombre se sedentariza, cultiva la tierra y construye la ciudad. Es el comienzo de la revolución urbana. La urbanización del género humano es la gran revolución que hará transformar física, psíquica, social y culturalmente al hombre. Esta revolución, comenzada hace miles de años, ha ido conformando una organización social, un modelo económico, unas formas jurídicas, éticas y culturas diferentes. En este devenir histórico se sucedían épocas y transformaciones, algunas de las cuales por su significancia social las consideramos como revoluciones. Así, el esclavismo, feudalismo, la industrialización, son procesos transformadores que han desarrollado cuantitativa y cualitativamente la revolución urbana comenzada al principio de nuestra civilización actual; son verdaderos jalones que nos han proyectado a la revolución histórica que se viene fecundando y tenemos/tendrá que producir/se: la revolución planetaria. Con el inicio de la urbanización, y la aparición de la ciudad, se dio comienzo al proceso revolucionario de la primera y gran revolución total: la urbana. Fue la creación de nuestra civilización y la causa principal de las llamadas o consideradas revoluciones históricas. Las contradicciones dialécticas que todo proceso conlleva, nos empujan en estos momentos hacia la segunda revolución total de la historia humana: el cambio de civilización. La revolución planetaria. Desde hace tiempo se viene intuyendo, profetizando esta nueva era, esta gran transformación: "aldea global", "el fin de las ideologías o de la historia", "otro mundo es posible"… Asimismo, las graves crisis, los conflictos que nuestra época padece, son los signos evidentes de su necesidad de desaparición y del alumbramiento de la nueva era. Como cuerpo social vivo, la humanidad experimenta la estrechez de la "horma" antigua y la urgencia de la nueva. El estrés urbano, la despoblación y desertización de grandes áreas, la saturación de los mercados, los conflictos armados generalizados, la violencia, la masificación, y a la vez la soledad humana, las contradicciones sectoriales profundas, el agotamiento de los recursos, la falta de respuestas racionales de las instituciones que nos hemos dotados...Todo nos habla de la necesidad de un verdadero salto cualitativo. ¿Sabrá la humanidad aprender sin sobresaltos traumatizantes, con previsión y perspectivas? Ante todo proceso histórico de importancia aparecen posturas diferentes: reaccionarias, conservadoras o progresistas. Unos se vuelven al "becerro de oro", otros desean no cambiar y otros se arriesgan libres, responsables y personalmente en la búsqueda de esa nueva sociedad, cultura e incluso ética. A riesgo de equivocarme y con el ferviente deseo de no ser excluyente, ¿cuáles podríamos considerar valores, formas, concepciones y modelos emergentes para esta nueva sociedad? ¿Qué pensamos valido de la antigua civilización? La civilización y el modelo urbano nos llevaron a una organización cercana, de dimensiones próximas y limites fijados: la familia tal como la conocemos, las relaciones sexuales, la división de roles mujeres/hombres, los procesos cognitivos, el mercado, la propiedad y la producción. La organización administrativa, política; los conceptos y vivencias de patria, nación, ciudad; la organización de la defensa; el cuerpo jurídico civil, procesal y penal adaptado a la cercanía y competencia exclusiva del "clan urbano"; una ética de referentes limitados a esa exclusiva civilización de "allegados", etc.. En la nueva perspectiva se vislumbra y exige un gran cambio: No sirve "nuestro colectivo", porque somos "el colectivo tierra". No es adecuado “nuestro” patria, nación, etnia, porque somos todos un gran mestizaje. Se destruyen las fronteras y las formas administrativas y políticas de pueblo, ciudad, nación, estado, que eran garantes del modelo de propiedad, del derecho, la herencia, la familia; ya todo lo ocurrido en el planeta, no nos es ajeno. Se acabó el mercado, no tenemos mercado que ganar o descubrir; la competencia feroz ha convertido el mundo en una única plaza de abasto. El proceso industrial, con la revolución técnico - científica - telemática ha sido implosionado y por ende, el modelo de apropiación, producción y social. La fuerza de trabajo se convierte en fuerza inteligente. Los proletarios somos todos: el consumo es la principal fuente de plusvalía y el capital es internacional y especulativo. La ética, nuestra ética, no nos ilumina y siembra la duda, el temor ante todo lo nuevo y, además, no satisface a lo viejo. Era, y aún es, una ética para el pequeño colectivo; hoy es necesario que responda a un individuo planetario (sobrecogedora experiencia), sin límites definidos. ¿Dónde y cómo descubrir los nuevos caminos a recorrer? Entre otros, pueden ser: El proceso individualizador que construye personas. Una situación de igualdad entre mujeres y hombres. La solidaridad continua, aquí y ahora, e histórica entre individuos libres y responsables. La conciencia ecológica que nos lleva, no sólo a ser conservacionistas y sí, a un desarrollo equilibrado, comunitario, solidario y progresista. A pensar y enseñar a pensar como actitud personal permanente, como investigación libre, crítica y participativa. La actitud pacifica, comprensiva, paciente, exigente especialmente con la justicia, honrada, no dogmática, que busca la armonía y no impone. La ética no mediatizada por tu clan, religión o cultura; una ética de la nueva cultura planetaria, no de compartimentos y sí integral e integradora desde ese nuevo individuo planetario, en esta nuestra tierra. Una religión universal, no imperialista, abierta y multiparticipativa. Una religión, no de mandamientos y sí de derechos y deberes de individuos social e históricamente responsables, que nos "religa" y nos impele al espíritu y no a las iglesias. Se percibe la necesidad de nuevos modelos organizativos y participativos. Es necesaria una autoridad razonable y participada a nivel mundial. Es urgente la extensión y calificación del tejido asociativo. Se ha de cambiar la enseñanza por un modelo epistemológico y un proceso permanente de aprendizaje. Hemos de tener presente la aceleración de los cambios y los nuevos "tempus" psicológicos que afectan a la vida e imponen una maduración de las personas en forma y etapas diferentes. Hemos de cambiar la competencia por la cooperación creativa en lo económico, social y personal, estas son las características motivantes de la nueva utopía y por consiguiente realizables. ¿De qué tenemos que desprendernos? De la insolidaridad o solidaridad con "fronteras"; del miedo al riesgo; del mercado imperativo e imperialista. De una ética amordazante; de la religión sin espíritu, de la enseñanza adormidera y la pedagogía de la dominación. De la competencia excluyente y los patriotismos, nacionalismos y todos los ismos que construyen y perpetúan los ghetos; de los colectivismos que ahogan al individuo y de la información como alienación y dominación. También hemos de huir de la paz como ausencia de guerra, de la justicia como sólo legalidad; de la sexualidad sin comunicación, ha de negarse la "nueva ilustración tecnocientífica" idolatrada y el ecologismo "museístico arqueológico". En fin, hemos de renunciar a la pasividad, por la curiosidad, imaginación, creatividad y participación; potenciar la sociedad civil: crear controles democráticos a todos las niveles: democratizar la economía, fomentar las O.N.G. y estimular a los individuos, para que los deberes sociales sean responsabilidades personales. Sevilla 1994. |

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