jueves, abril 27, 2006

Situación sociopolítica española, reflexiones

El próximo día 9 nuestra reunión se orientará en torno a la situación sociopolítica española, intentaremos reflexionar y dialogar con la aportaciones de todos pero siguiendo un esquema que nos presente Antonio Sánchez.
Si siempre es complicado un análisis de la situación social y política, en nuestro tiempo, en la situación actual española, me parece que se acrecienta la dificultad. Vivimos en una sociedad compleja en todos lo ámbitos de nuestras vidas, personal y colectiva, desde lo local, a lo regional o autonómico y en lo nacional o estatal como se dice con frecuencia y nos sentimos, unos con más conciencia que otros, “atravesados”, lo que llaman la transversalidad, por problemas, sentimientos, ideologías, necesidades, valores… diversos que introducen mayor dificultad en cualquier búsqueda, análisis, propuesta o programa de acción, de transformación política o de economía.
Creo que lo que hoy debemos considerar no es fundamentalmente el programa de un partido o coalición de ellos, siendo esto fundamental en el análisis de la coyuntura, sino partir de un acercamiento a lo que creemos que está ocurriendo para, desde ahí, examinar qué es lo que los partidos nos proponen y ejecutan.
A la hora de acercarnos a esta reflexión sería deseable que identificáramos nuestro lenguaje y conviniéramos la comprensión de nuestros conceptos: qué queremos decir con cada una de nuestras afirmaciones o propuestas, en estas áreas del pensamiento y praxis las palabras son polisémicas y están siendo utilizadas equivocadamente o de forma interesada cada día más como podemos comprobar desde la publicidad al lenguaje de la derecha o empresarial que se quiere adueñar hasta de los campos semánticos.
En primer lugar debemos tener presente que vivimos en una nueva cultura, en una sociedad, global. Yo entiendo global como un todo en el que todo se encuentra a la misma distancia del centro, algo radial, y que cualquier cambio en cualquiera de sus partes produce un movimiento sísmico que afecta al todo, y esto no sólo en lo económico sino en todos los sentidos y esferas de nuestras vidas individuales y colectivas, formales e informales.
Esto no es una tesis, es algo cada día más patente y un campo de batalla a nivel mundial. El mundo parece cada vez más una plaza de abasto con una ley exclusiva de mercado. En lo cultural no sólo vivimos un colonialismo sino que este es una verdadera clonización extendida en modelos únicos que se imponen desde lo académico, desde la investigación a las modas. El terrorismo y las formas de combatirlo se asemejan sin diferenciación de valores o universos ideológicos y sus actos salvajes sólo promueven el dominio del otro por el miedo hasta el extrañamiento o alienación de las personas y las colectividades. La política exterior, que desde siempre se ha movido por el compromiso y los pactos, hoy, debido a las redes que nos involucran, los pactos internacionales, legislaciones comerciales, penales internacionales… o nuestra pertenencia libre y democráticamente decidida a la UE es más compleja e internacional. Tampoco podemos olvidar las nuevas funciones de los ejércitos en un mundo multirelacionado y con intereses a defender en cualquier lugar de la tierra, muchas veces de “mercenarios” en guerras de gobiernos de superpotencias. Hoy los gastos militares y la investigación militar es uno de los factores económicos principales. En fin cada día somos más concientes de nuestra pertenencia para todo, activa o pasivamente, al planeta, para lo bueno y lo malo.
Uno de los grandes efectos de esta globalización me parece descubrirlo en la derechización de nuestras sociedades, especialmente las opulentas, que buscan la seguridad, que tienen un miedo al cambio aferrándose a lo conocido, incluso al más allá en una nueva forma de religión idolátrica, cuya magia nos ampare, que nos recuerda el relato bíblico de la vuelta al becerro de oro. En esto las religiones, y nuestra Iglesia parece estar jugando institucionalmente este papel, aportan un substrato ideológico táctico.
El descubrimiento de nuestra pertenencia planetaria está produciendo en nosotros, como individuos, y en nuestras comunidades el nacimiento de inestabilidad y miedos y a la vez que aparecen deseos, necesidades de unos cauces, unos principios y unos modelos organizativos mundiales, ha crecido la necesidad de afianzar nuestras identidades, y lo que es peor, excluir “al otro”. Una manifestación de esta complejidad de las relaciones de los pueblos, las culturas, las ciudadanías y los gobiernos se está produciendo ahora con ocasión de los conflictos con los musulmanes; la UE no acaba de madurar como entidad política.
Esa derechización se está produciendo e incrementando en nuestra sociedad española con varios síntomas, a mi entender, evidentes: la polarización partidista que ensalza sentimientos, miedos, pertenencias o identidades excluyentes y agresivas promovidos táctica y estratégicamente por las derechas y los nacionalismos fundamentalistas; el reforzamiento de la vía penal punitiva en las relaciones sociales y ciudadanas con el olvido de la reinserción e integración y resolución pacifica de los conflictos; el miedo al riesgo y a la innovación social y exclusivamente empleado como estrategia empresarial y de mercado, como se ve evidentemente en el intento de achicar o abandonar el Estado del Bienestar o el achicamiento del Estado.
La corrupción como aceptación del juego y del modelo social de lucha sin valores por el poder y la violencia como parte genuina de ese poder.
La perdida de valores y referentes éticos en nuestras sociedades, e igualmente la desvalorización del pensamiento y del método reflexivo en todo proceso de conocimiento humano, produciendo una sociedad de necios, que no procesan, o de idiotas, algunos por conveniencia, que no entienden.
Estas corrientes y valores nos incitan a: resoluciones individualistas, que van desde la respuesta pietista a la resolutivaagresiva, bien organizada en grupo, comunidades fundamentalistas e integristas o terroristas, o bien en respuesta individualistas como puede ser la delincuencia. En el campo de la sociedad civil nos encontramos con el desmantelamiento de las redes cívicas, sindicatos, vecinos, y sustituciones por “comunidades de propietarios”, currículum competitivos y acuerdos de productividad, lobby…
Ante esto, y por no alargarme más, es evidente que nos encontramos en un momento que nos exige participar responsablemente en la sociedad como ciudadanos sin rehuir nuestras responsabilidades de participación política, laboral, cultural, etc., se está diseñando la sociedad futura, los equilibrios de poder, el diseño de las relaciones humanas y no somos ajenos.
Yo creo que la izquierda o los partidos progresistas tienen un papel decisivo en estos momentos y lo estamos comprobando con su implicación en el rediseño federal de España, en lo relativo a las identidades territoriales y la contención de los nacionalismos. Es necesario desarrollar y profundizar los Derechos Humanos y el Estado de Bienestar, yo diría del Bien Ser, con el desarrollo de los Derechos Ciudadanos.
En la educación debemos implicarnos por una educación crítica, por un aprendizaje a lo largo de toda la vida y en todos los espacios humanos, que promueva el aprender a aprender, el saber procesar la información y los conocimientos, el saber hacer y no una simple instrucción. Es la principal vía contra una sociedad descerebrada.
En lo laboral no podemos convertirnos en puros objetos de mercados con contratos según le interese a ese mercado, y aunque es verdad que las relaciones laborales cambian y el currículum personal se nos exige cada día más competitivo, no podemos olvidar que el Derecho Fundamental a la vida nos debe urgir que cada persona obtenga sus ingresos necesarios para esa vida digna durante toda su vida, bien provengan de un salario ciudadano, bien de un empleo no alienante, esclavo o indigno. Por otra parte cada uno de nosotros es un ser con responsabilidad social y ciudadana por la que debe trabajar solidariamente por la sociedad haciendo que nuestra vida sea activa, creativa, emprendedora a lo largo de toda nuestra existencia.
No podemos olvidar, es más, tenemos que luchar por descubrir y ayudar a descubrir valores éticos en nuestras relaciones personales y colectiva: el entendimiento y la compresión, el respeto y la diversidad, la libertad y la aceptación crítica pero solidaria, el trabajo personal y cooperativo, el desarrollo armonioso…
Vivimos en una sociedad heterogénea, diversa, contradictoria y para llegar a comprenderla y para actuar minimamente debemos conocerla y evaluar la capacidad de influir de cada sector en la sociedad y de cada uno de nosotros en esa sociedad; hoy en España, la Iglesia católica tiene un gran poder de influencia política, social cultural y mediática y nosotros los católicos tenemos que conseguir influir en ella. Esta influencia de la que hablo no se refiere a nuestra exigencia de fe, no, se debe a nuestra responsabilidad ciudadana. Muchas veces creemos los cristianos que la radicalidad del evangelio nos exige analizar a la Iglesia desde el evangelio y no; la Iglesia es también, y ahora estamos hablando de ello, un colectivo social de máxima importancia y debemos tener con ella un tratamiento social y político idéntico al que utilizamos con cualquier otro colectivo de similar importancia social; la radicalidad de nuestra fe es para la comprensión del Reino.
En resumen: Mundo complejo y transversal en sus conceptos, emociones, sentimientos, problemas, diagnósticos y soluciones.
Mundo globalizado, multirelacionado y multidependiente.
Mundo con miedos donde los poderes buscan posicionamientos de poder en la nueva sociedad mundial y se ha producido un desplazamiento social hacia la derecha o el conservadurismo
Y tenemos el derecho y el deber de participar personal y colectivamente en lo social, lo político, lo cultural como ciudadanos libres, críticos y responsables.
Muy importante en estos momentos es la defensa de la información libre y crítica y el desarrollo de una conciencia internacionalista para promover y sustentar instituciones representativas y democráticas mundiales.