sábado, enero 21, 2006

EL ENVEJECIMIENTO COMO CARACTERISTICA ESTRUCTURAL DE LA NUEVA SOCIEDAD



EL ENVEJECIMIENTO COMO CARACTERÍSTICA ESTRUCTURAL DE LA NUEVA SOCIEDAD



En estos últimos años he tenido una experiencia humana y profesional muy importante, que está motivando me dedique a su análisis posterior: las personas ancianas, el alargamiento de la vida y el envejecimiento de la sociedad.
Especialmente desde los cursos que he venido desarrollando para personas mayores que iban a jubilarse o estaban jubilados. La U.G.T. me solicitó que colaborara en unos cursos de preparación a la jubilación patrocinados por la Junta de Andalucía en todo el territorio de la Comunidad Autónoma.
Independientemente del feliz contacto con mujeres y hombres jubilados de todas las provincias y comarcas andaluzas que han llenado mi memoria de historias profundas, de biografías llenas y de vidas con vida y actividad, he de destacar la inmensa aportación de conocimientos y de ideas positivas que me ofrecieron.
En este contexto y a partir de él surgen las ideas que a continuación intento sistematizar y que deseo sirvan para crear y motivar una investigación multiprofesional sobre el envejecimiento.
Aunque en cualquier trabajo mínimamente científico se deben aportar fuentes contrastadas, bibliografías y citas he decidido escribir de continuo mis reflexiones y aportar solo al final una breve relación de artículos aparecidos últimamente en la prensa con referencias al tema tratado.
Aquí y allí nos refieren en artículos de prensa y revistas que parece apreciarse un repunte en las tasas de nacimiento que podría estar relacionado con la bonanza económica. También es cierto que a nivel planetario las cifras de nacimientos no son iguales y debido a ellas las sociedades del norte, occidentales, egoístas, piensan tendrán que abrir sus fronteras a esos jóvenes del sur, de los países pobres para que vengan a trabajar y mantener la calidad de vida del norte. Incluso los mismos organismos internacionales y muchos científicos, demógrafos etc. nos alertan sobre la explosión demográfica de un mundo superpoblado. Esto no es motivo del presente análisis y no continuaré comentándolo.
Lo que sí interesa y está totalmente contrastado es el alargamiento generalizado de la esperanza de vida. En los últimos cincuenta años se han duplicado las expectativas de la vida para la humanidad, más aún dicen los científicos que en los próximos cincuenta años la edad media que podría alcanzar el género humano sobrepasará largamente los cien años. Si a todo esto añadimos que las sociedades jóvenes de Asia, Norteafricanas y Sudamericanas, jóvenes actuales, envejecerán con su proceso de urbanización y mejora de vida, no es de “adivinos” prever un envejecimiento generalizado de la humanidad. Las estructuras de las sociedades urbanas avanzadas (no quiero decir mejores) tiendan por espacio, los servicios etc. y la propia cultura que genera a limitar a las tasas de nacimientos. En conclusión, reitero que caminamos hacia una sociedad cuya actual media de vida será alta; donde la pirámide no será tal y sí con tramos muy igualados de edad y con mayor subdivisión por edades cronológicas: infantes, niños, jóvenes, adultos, edad avanzada, viejos, envejecidos…
Ya en los países llamados desarrollados se ven claramente estas tendencias y se puede apreciar el número creciente de personas que sobrepasa la edad de cien años y las personas censadas mayores de sesenticinco años cada vez son más en términos absolutos y significan un porcentaje mayor con relación al resto de la sociedad, previéndose alcanzar en las primeras décadas del siglo XXI más del 20% de la población. En definitiva nos adentramos en una sociedad substantivamente estructurada con la característica del alargamiento de la vida, del envejecimiento de la sociedad y, salvo un cataclismo de cualquier signo, más serán las personas mayores que seguirán siendo protagonistas en esas sociedades.
Esta sociedad está siendo estudiada desde distintos ángulos; económico y sus repercusiones fiscales y de costos de las pensiones; sanitario, dadas las multidependencias y los nuevos aspectos terapéuticos que demandará; sociales, culturales de ocio e incluso urbanísticos.
Yo deseo analizar los aspectos humanos, individuales y colectivos, de este sector en relación a la sociedad que vivirán y de la que han sido protagonistas en la construcción de muchos de sus aspectos.
Las características de muchas de las personas que ya han superado los sesenticinco y más años en la actualidad nos van descubriendo situaciones muy distintas a los mayores de generaciones anteriores. Algunas de esas características son:
- Nivel de educación formal más alto y más extendido que la generación de sus padres. Aunque sepamos que ese tramo de edad es quien ostenta en las sociedades actuales el mayor incide relativo de analfabetos, también es verdad que son muchos los que tienen estudios de grado medio e incluso universitarios. En las generaciones que se aproximan se incrementan los individuos con estudios superiores, especialmente las mujeres.
- Otra significativa seña de identidad es la cualificación profesional alcanzada debido a su experiencia laboral en la industria y los servicios, en una época en la que su vida laboral ha durado, con continuidad, largas décadas y se han sucedido repetidos avances tecnológicos que le han afectado y ampliado sus aprendizajes por la continua innovación en la producción, en la organización empresarial y social y en la misma sociedad.
Significativa ha sido la participación laboral de la mujer, aunque todo demuestra que aún está infrarepresentada, por lo que muchas de las jubiladas manifiestan y mantienen la cultura adquirida como mujeres trabajadoras y activas socialmente y no-solo de amas de casa.
Es de señalar la importancia política y social de la mujer de edad avanzada como nos demuestran las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo, Mujeres de Negro, Madres contra la Droga...
Podríamos destacar que nuestros mayores de sesenticinco años en la actualidad han tenido una experiencia vital de grandes cambios en sus vidas: guerras, periodos amplios de faltas de libertades, época de pobreza y escasez generalizada, y a la vez desarrollo industrial, avances tecnológicos, migraciones del campo a la ciudad, generalización de una sociedad del bienestar, participación sindical y política, libertad sexual y responsabilidad de la mujer con autonomía de su sexualidad, la revolución de la información...
Es decir la personalidad social del colectivo de personas mayores es polivalente y muy diferente a la que representaba a sus padres.
Ello nos lleva a tener que hablar de este colectivo como uno de los colectivos sociales más amplios y polivalentes de toda la estratificación social. No podemos referirnos a ellos como "un todo homogéneo"; cualquier sondeo que intente acercarse a su realidad descubrirá múltiples diferencias:
- Son notable las grandes diferencias económicas. Las pensiones, nos referimos exclusivamente a esa fuente de ingresos, van desde las no contributivas a las de máximo nivel de las contributivas que representan de una a más de seis veces entre unas y otras, agudizándose en los tramos de edad superior por ser un colectivo donde abundan las viudas.
- La feminización en estas edades es total, sufriendo un aumento exponencial a partir de los setenta y más. Esta característica es muy importante a destacar.
- Diferencias culturales propiciadas por diferentes causas. La emigración de los cincuenta, sesenta y setenta ha provocado desarraigos profundos y divisiones familiares.
- La formación o educación formal que en muchas personas se interrumpió tempranamente las privó de diplomas, certificados o distinciones formales necesarias para una sociedad muy clasista.
- Para muchos la escasez de recursos culturales, informativos y de tiempo libre y las largas jornadas de trabajo durante su vida laboral propiciaron el poco gusto por esas actividades y la pasividad ante ellas.
- El gran periodo de expectativa de vida hace que tengamos que hablar de más de una generación conviviendo en este colectivo por lo que no podemos hablar de un prototipo, dado que existen diferencias de veinte años y más entre ellos. Se habla del envejecimiento de la vejez y cada día se retrasa más la edad en que las personas presentan aquellas disfunciones invalidantes o causantes de multipatologías; generalizándose los ochenta años como la frontera del envejecimiento.
- El poder adquisitivo ha aumentado. La universalización de las pensiones, el esfuerzo económico que les supuso su vida productiva les ha permitido que no mantengan deudas significativas e incluso tengan algunos ahorros y son generaciones con cierto nivel de consumo, una vida económica independiente, autónoma y con cierta movilidad. Es más, la precarización del empleo entre los jóvenes ha obligado y engendrado que muchos hijos vuelvan al hogar paterno, viéndose escenas inauditas de convivencia familiar de dos o tres generaciones y cuya renta familiar se sostiene sobre la pensión de los mayores. Por otra parte es uno de los sectores sociales, junto con la mujer, que acusa un mayor empobrecimiento.
- Las ganas de aprender. Los centros educación de adultos se encuentran llenos de personas mayores jubiladas e incluso muy ancianas, especialmente mujeres que aprovechan ahora para aprender, no sólo a leer sino a adquirir cultura y habilidades. Otro ejemplo son las universidades de la experiencia.
- Es sintomático en gran parte de estas personas sus contradicciones. La moral que ellos vivieron se tambalea o se ha destruido en muchos casos, las riquezas eran fruto del esfuerzo, trabajo y ahorro, más aún en las sociedades de confesiones protestantes y del norte, y ahora ven que muchos jóvenes son ricos como ellos nunca pudieron imaginar y sus fortunas no dependen de la tierra, la fabrica o otros bienes tangibles sino de la especulación bursátil o negocios totalmente innovadores y que no suponen tiempo e inversiones en la medida que ellos habían experimentado.
- Los grandes ideales, por los que muchos han dado toda su vida, han caído, ha sido un fracaso y se muestran corrompidos a la luz de la historia.
- La moral sexual, o doble moral especialmente para los hombres, ya no es una fachada de buen nombre; personajes de todas las capas sociales confiesan sus relaciones sexuales sin pudor, tanto hombres como mujeres, minando su andamiaje de imagen que en la sociedad que ellos vivieron fue tan importante.
- La emancipación de la mujer, en muchos de los casos la toleran, pero siempre es un sinsabor duro de comprender.
- La familia no es un referente. En la época que ellos fueron niños sus abuelos eran un bien a su alcance; ahora ellos son un bien lejano al que se visita e incluso una carga a repartir temporalmente entre los hijos o un bien menor porque sirve su pensión para nivelar los ingresos familiares.
- La vida ha tomado un ritmo con demasiada aceleración, es algo así como los anuncios de televisión, se suceden las imágenes, los mensajes, las situaciones a velocidad de vértigo y sin relación alguna la mayoría de las veces, creando en ellos sensaciones de inestabilidad.

También debemos hablar de la fragilidad de estas personas y no me refiero en estos momentos a su morbilidad y necesidades sociosanitarias; quiero destacar que muchos y muchas de ellos nacieron y vivieron sus infancias en ambientes rurales y de familias grandes donde las generaciones convivían y el tiempo tenía una sucesión plácida. Hoy la sociedad que viven es autista, muchos de los referentes que se les proponen son económico, social y culturalmente lejanos, un mundo lleno de barreras, no solo arquitectónicas, sino emocionales. Es a esto último a lo que me refiero cuando hablo de fragilidad: la ternura en esas edades aparece difícil y la soledad se agranda.
Todo esto me lleva a pensar cuan equivocados estamos, qué raquíticos, miopes y ruines somos cuando hablamos del envejecimiento de la sociedad como el gran problema económico, de producción y de costos. La sociedad está cambiando, caminamos a una sociedad muy diferente y nos llevará a una civilización distinta en la que las personas de más edad serán, han de ser protagonistas. Los problemas económicos, de producción y organización social son problemas de la sociedad, que debido a las grandes transformaciones tecnocientíficas reclaman un cambio, una nueva concepción y que la sociedad, toda la sociedad incluidas estas personas mayores, han de afrontar pero no culpabilicemos a los mayores de los problemas de costos, sociosanitarios etc. ¿Qué debemos pensar de nuestro individualismo que cada día desea más maximización de beneficios incluso de sus deberes fiscales? Solo aparece un enfoque malthusiano cuando el envejecimiento es una de las características del “nuevo orden”: globalización, migraciones, múltiples mestizajes, biotecnología, envejecimiento, etc.
Tenemos que crear esa nueva partitura que permita una nueva sociedad; no es fácil pero estamos obligados a ello ¿Cómo y qué caminos tomamos?
Primero debemos conocer real y científicamente esa edad, proyectar (cosa que hoy es fácil con la informática) la realidad virtual y la vida a partir de los noventa, cien y más. Tenemos que analizar la sociedad que está apareciendo, su organización sus dificultades y sus potencialidades y ver como podemos seguir todos siendo y viviendo como personas.
En cuanto al conocimiento de las personas mayores de edad se está haciendo algo que es necesario profundizar y hemos de hacerlo con urgencia y sin recetas preconcebidas. El mundo, nuestra sociedad o cultura está cambiando, la estamos cambiando; también ellos son protagonistas y a la vez sufridos sujetos de estos cambios igual que el resto de la sociedad. Hemos de pensar que un estado de derecho, concebidos como derechos humanos no derechos productivos o laborales, se desarrolla y es digno de tal cuando cambia el concepto de pensión por el de asignación vital digna para todos y durante toda la vida; que la vivienda digna y humana ha de adecuarse a cada situación; que la salud no es solo para que las personas produzcan; que la calidad de vida es para todos y el derecho a la educación permanente es de todos y a lo largo de toda la vida ¿Dónde está la fuente que procure y provea efectivamente todos los derechos? Indiscutiblemente en la sociedad y en su órgano de gestión democrática y representativa que es el Estado, ya sea administración local, regional, nacional o supranacional.
Hoy también hablamos mucho de flexibilizar las jubilaciones etc. Tenemos que cambiar del concepto de trabajo / empleo al concepto de actividad. Todos, también las personas de edades superiores a los sesenticinco años pueden y deben ser activas, no solo con el concepto hipócrita del voluntariado que tanto gusta al sistema; deben actuar todas en todos los campos de forma autónoma y organizada, protagonistas de sus vidas y de la sociedad a la que pertenecen. También nuestros viejos deben cambiar su mentalidad, no se trata de pensar y exigir solo derechos, sin obligación. Tienen todos los derechos y todas las obligaciones como cualquier otra persona de cualquier otra edad.
Hacen falta muchas residencias; sí, son necesarios muchos centros de día y unidades de día; sí, y teleasistencias y ayudas a domicilio etc., pero es totalmente necesario que las personas mayores puedan, y deban, elegir su actividad sea esta cultural, asistencial, educativa, política, humanitaria, artística o productiva, económicamente, si el mercado y sus condiciones profesionales lo permiten. Sus fuentes de ingresos pueden ser obtenidas por contratos de empleos, trabajos autónomos o por el salario o asignación humana digna lo mismo que cualquier otra persona cualquiera que sea su edad.
Todos, también principalmente si cabe, las personas mayores de edad, han de estudiar los cambios de la nueva sociedad, las revoluciones tecnocientíficas, sociales, organizativas y culturales de la civilización que están viviendo.
Hoy hablamos mucho del “nuevo orden”, la nueva sociedad, la nueva economía, las grandes inversiones necesarias, etc. La nueva etapa, que se está desarrollando no es exclusivamente biotecnología, mundialización de la economía, era de la información. La sociedad de esta nueva era será más mestiza, más móvil y más vieja además de un mundo más poblado y donde los cambios serán acelerados. Si lo olvidamos, o interesadamente se quiere no ver, toda la sociedad con su "nueva economía" está en peligro. Nuestro ecosistema, tan frágil, es el natural y el social a la vez y ambos han de ser tenidos en cuenta.
Hablamos de la necesidad de una nueva formación en las tecnologías avanzadas y de las grandes inversiones en investigación y desarrollos necesarias, que nadie discute; pero olvidamos que tan urgente como ellas son la formación de toda la sociedad, niños, jóvenes, adultos y ancianos; (productivos o no productivos) en los cambios acelerados totales y que ya estamos comprobando: las emigraciones, la vejez, el desarrollo solidario y comunitario, etc. No basta con decir que existen yacimientos de empleo en los trabajos sociales, de cercanía, para los ancianos, la conservación del territorio... es necesario formar a las personas continuamente, grandes inversiones y salarios dignos, y de futuro.
Estas mismas inversiones y creación de empleos dignos revestirán en el aumento de la recaudación impositiva y en el desarrollo de nuevas inversiones y de la economía global. Si no, el sombrío camino que nos espera puede llamarse "eutanasia justificada" de los pobres, como parece señalar nuestra actitud hacia África o de viejos no productivos o gastosos.
Preparar ese mundo, esas condiciones que hagan una sociedad más digna, más justa es una obligación política de todos y muy especialmente estamos llamados a jugar un papel importante los educadores, no solo porque será necesario la implantación de una verdadera educación a lo largo de toda la LARGA VIDA, sino porque es necesario informar, educar ya desde los más jóvenes en esas perspectivas. Hoy la división y fractura social que esta provocando ese “nuevo orden” y esa “nueva economía” y el envite tremendo sobre el “estado de bienestar” nos urge a tomar clara y decidida postura.


Sevilla, 20 de septiembre de 2.000.



Francisco Barco Solleiro.
Delegado Junta Directiva ASISPA (Andalucía)
Investigador de la Universidad de Sevilla




BIBLIOGRAFIA Y ARTICULOS DE INTERÉS
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- Sanchera, Mayka. El País, agosto de 2.000. "Un estudio destaca la capacidad del cerebro centenario".
- Ekdredge, Niles. El País 12/08/2.000. "Los aciertos erróneos de Malthus".
- Appenheimer, Walther. El País 12/08/2.000. "Las españolas son las mujeres con mayor esperanza de vida de Europa".
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- Nogueira, Charo. El País 14/08/2.000. "España condenada al envejecimiento".
- Weiner, Jonathan. El País 16/08/2.000. "¿Podremos vivir hasta los ciento veinticinco años?".
- Garrido Luceño, J. María. Globalización y cultura. Revista Isidorianum nº 9 de 2.000, Editorial Centro de Estudios Tecnológicos de Sevilla.
- Barco Solleiro, Francisco. ¿Es necesario el Estado de Bienestar? Escuela de verano Consejería de Asuntos Sociales, 1.999.