Para una espiritualidad en una sociedad nueva
REFLEXIONES Y PISTAS PARA UNA ESPIRITUALIDAD EN UNA SOCIEDAD NUEVAEn los talleres y foros de Redes Cristianas, al igual que en las diferentes páginas de personas y grupos que mantienen foros permanentes, venimos hablando de los profundos cambios de nuestra sociedad y de sus repercusiones en la religiosidad y espiritualidad.
Me permito sugerir unas pistas de acercamiento a los cambios sociales que nos ayuden a saber desde dónde y cómo hemos de vivir la religiosidad, la espiritualidad, en estos tiempos complejos.
Indudablemente nos encontramos en un cruce y el conflicto, las contradicciones, por más que algunos intenten simplificar, se encuentran presente en toda nuestra vida. Pero el conflicto no tiene por qué ser irresoluble, el conflicto es también crecimiento, posibilidad de apertura; lo importante es su diagnóstico, hoy más que nunca no nos sirven las recetas.
En la actualidad esta evolución cambiante está destacando, entre otras propiedades, la planetaria: mundialización geográfica, significante, que conforma, señala y socializa, como percepción psicológica individual y colectiva.
Otra de estas cualidades significativas, de la que todo el mundo habla y teoriza, generada y a la vez generadora, es la globalizacíon (del latín globus, cuerpo esférico).
Aunque existe una tendencia mayoritaria a definir la globalización en términos exclusivamente económicos, (pienso que terminamos focalizando los efectos perversos exclusivamente y de manera unidimensional) prefiero definirla como la integración de todo el todo en un espacio total concéntrico, es decir, situado a igual distancia de un punto. La globalización que defino hace referencia a holístico, es una característica fundamental que nos relaciona interelacionandonos permanente y simultáneamente, de forma multidireccional, multidimensional y sísmica.
NUEVA SOCIEDAD, NUEVA ERA.
Muchos son los teóricos que nos vienen hablando de la nueva sociedad con seriedad y rigor científico. Castells la define como "sociedad informacional, sociedad red"; Echeverría la denomina "Telépolis".
Para mí es manifiesto que nos encontramos en una nueva era; no es sólo una revolución o aceleración en los cambios que nos han ocurrido a lo largo de la Historia.
Nos ocurre algo parecido y tan trascendental como en los albores de nuestra evolución humana cuando el hombre se asienta, crea comunidades de próximos, favoreciendo las condiciones óptimas para la aparición del lenguaje humano. Los miles de años que transcurrieron hasta la creación de ciudades, dieron por desarrollar la Era Urbana, pudiendo denominar ese largo proceso, creo que con propiedad, la Revolución Urbana. Esa Era Urbana es la que hemos vivido y en la que se han ido produciendo las llamadas revoluciones históricas de nuestra era y es la que está sufriendo este cambio radical.
Esa Civilización Urbana es la que ha revolucionado hacia la civilización Planetaria. No es que desaparezca la anterior, siguen y seguirán existiendo lo que Echeverría llama los tres entornos: el natural, o primer entorno; el cultural y social, o segundo entorno, que corresponderían a la era o civilización urbana, y el tercer entorno que se encuentra naciendo y en fase de desarrollo, que se caracteriza por un nuevo entorno social y organizativo.
CARACTERÍSTICAS DE LA NUEVA SOCIEDAD.
No me detendré mucho en definir esos profundos cambios que nos afectan, no es este el lugar, sólo procederé enumerar algunos y a breves sugerencias, incluso doy por sentado la gravedad de los cambios económicos y políticos a los que no hago referencia por ser más conocidos. El pensamiento capitalista y su organización han posibilitado pensar y organizar a todos en un gran mercado, han convertido al Planeta en una gran plaza de abasto.
Siguiendo la tabla de características de los tres entornos de Echeverría, podríamos decir que la nueva era modifica nuestra relación con el espacio y el tiempo, nuestra forma de "estar, el aquí y ahora". Para la Nueva Era refiere cualidades como: distal, reticular, globalidad, transnacional, representacional, multisincrónico…, todas ellas novedosas y de grandes consecuencias en nuestros modelos habituales de vida: cultura, simbología, organización, relaciones sociales y afectivas e incluso en lo cognitivo, y como no, en el ámbito de la espiritualidad.
Se modifican nuestras categorías de lo próximo, de las fronteras, del contacto físico, del tiempo y del espacio, de la realidad, ampliándola a la virtualidad real.
Algunas características de esta nueva sociedad son: multigeneracional, deslocalizada, en perpetua frontera, convergente/divergente, atemporal, transversal, compleja/simplificada, bisensorial, con rompimiento de los espacios personales, ( espacio íntimo, espacio interior, y espacio exterior ), icónica, neonómada, neodramática y neoromántica: donde vivimos en pulsión libidinal permanente, interdependiente y autónoma, frágil, de riesgo, autoconstructiva o de autobricolage personal permanente (Beck) urbanícola de megápolis…
Multigeneracional. Se me dirá que las generaciones diferentes han convivido siempre, es propio de la vida, y que en esa convivencia cada generación ha tenido su papel, pero existe un dato nuevo y revolucionario. El alargamiento de la vida y el buen estado general de la salud permiten que convivan de forma autónoma, activa y protagonista tres o más generaciones. Esta convivencia será aún más palpable en los próximos años, cuando accedan a la jubilación las generaciones de mujeres con una larga y valiosa experiencia laboral y social durante toda su vida, visualizando socialmente lo que denomino la feminización de la sociedad.
A la vez se multiplicarán las oportunidades y, debido a las expectativas de vida duradera, los proyectos vitales, culturales, formativos, afectivos etc. se modificaran y variarán a lo largo de la vida de una misma persona con un creciente y renovado ímpetu personal.
Por el contrario, y como una más de las complejidades de esta nueva era, junto a esta convivencia multigeneracional y el sentimiento de permanencia que nos hace percibir la larga expectativa de vida, no podemos olvidar la sensación cultural y psicoafectiva que produce el cambio permanente de los avances tecnocientíficos continuos, que aceleran nuestros modos y ritmos vitales. Ya nos estamos acostumbrando a pensar que las generaciones "envejecen" y son sustituidas rápidamente por las siguientes, como ocurre en los deportes, los programas para ordenadores etc. Vivimos en un tiempo tan acelerado y cambiante que podríamos llamarlo, tiempo publicitario, por lo exiguo de su protagonismo, por su corto ciclo. Es una sociedad que se identifica con el zaping social. Estas condiciones de vida y nuestras esperanzas y posibilidades existenciales confluyen esquizofrenicamente en nuestras vidas personales y colectivas con grave riesgo desestructurante.
Deslocalizada. Creo que es más profundo el cambio de lo que aparenta a primera vista; no es sólo un cambio físico, económico, social o cultural, es una transformación que condiciona anímicamente.
Estamos acostumbrados a un asentamiento en tierra, a vivir inmerso en la cosmogonía que nos rodea y de la que formamos parte, y esta deslocalización global nos inunda de miedo.
Por otra parte, nuestro cerebro límbico sufre continuamente la agresión de los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión, que le hace vivir una virtualidad real deslocalizada en tiempo y espacio, en entornos culturales diferentes y de forma narrativa dramática.
Continua frontera. Nos encontramos en una sociedad red, reticular, donde los vértices o nodos no son límites sino espacios confluyentes, míos y de otros muchos situados al lado o a miles de kilómetros. Nuestras percepciones de la frontera como lugar marcado y a la vez abierto al encuentro con otras vidas y modelos diferentes, es una percepción recintual, como la llama Echeverría, es un espacio concreto y físico de incertidumbres, retos, riesgos e innovación, pero fijado: la tenemos frente o a la espalda, ahí. En esta nueva sociedad, la frontera no es física, no la podemos encuadrar; un nodo es un flujo continuo y multidireccional. A esto le llamo la continua frontera, que nos exige ser autónomos, emprendedores, abiertos, arriesgados y a la vez. interdependientes, analistas, reflexivos y prudentes
Esta situación nos lleva a detallar otras dos características anteriormente señaladas: somos neonómadas y se rompen los espacios personales.
Para mí el nomadismo de la nueva sociedad es diáfano. Creo que nunca en la historia la humanidad ha cambiado, literalmente cambiado, más de lugar: nos encontramos en continua andadura.
Además de la tragedia de la inmigración, los desplazamientos por guerras, hambrunas y desastres naturales y de los continuos y creativos mestizajes, existe, a mi parecer, un desplazamiento, desde el sedentarismo más completo, que puede pasar desapercibido y que en realidad es practicado asiduamente por la mayoría de los seres humanos y a diario. Me refiero a los desplazamientos virtuales que, durante varias horas de promedio diario, practicamos sentados en la mayor intimidad de nuestros hogares, ante la televisión.
Estos desplazamientos nos convierten, desde la más temprana infancia hasta la vejez, en nómadas de ultima generación, nos deslizamos por espacios físicos sin fronteras, continuamente cambiantes, sin tener relación alguna unos con otros, y no sólo en el espacio, sino en el tiempo, desde la prehistoria hasta la escena de un mundo totalmente futurista. Aún no podemos analizar las consecuencias, aunque existen claras evidencias en dos sectores poblacionales, la vejez y la infancia, con lo que esto es de importante para la educación y los conflictos sociales.
Con todo lo que se viene diciendo se encuentra muy relacionada mi afirmación relativa al rompimiento de los espacios personales.
Vivimos en una afirmación existencial básica, que nos permite un equilibrio psicológico y emocional estable sin caer en dualidad o esquizofrenia: el saber y aceptar que estamos, vivimos y somos en un espacio con distintas y claras esferas: el espacio exterior, el interior y el espacio íntimo, claramente diferenciados y diferenciantes.
El espacio exterior lo entendemos como todo aquello que nos rodea, con más o menos distancia; el espacio interior es aquel más cercano a nuestra epidermis y confundido muchas veces con ella, traspasándola. Lo sentimos como algo de dentro de nosotros, sobre el que tenemos unos derechos y dentro del que nos encontramos seguros: podríamos definirlo como la epidermis de nuestro yo, es defensa y contacto a la vez; frontera y camino que dominamos desde nuestro interior.
El espacio íntimo, no me refiero a la intimidad exterior que nace de una casa o de un ambiente, es el reducto infranqueable que nos comunica y a la vez es el vehículo de expresión de nuestro yo. Su desaparición constituye la enajenación y la desestructuración como persona, como individuo.
La sociedad red, globalizada, actúa rompiendo las esferas de los tres espacios las difumina, las invade múltiples veces y de formas diferentes, con todos los medios de la sociedad informacional.
Aparecen claros indicios de un nuevo romanticismo y dramatismo en esta nueva sociedad, con causalidades pulsionales también nuevas.
La condición bisensorial del medio televisivo y de toda la tecnología informacional, al menos hasta el momento, obliga a resaltar la imagen, el sonido y el mensaje, por lo que se convierte en una continuada expresión dramática y romántica e iconográfica.
No debemos olvidar que este modelo está incrementando la aparición de una fuente de pulsiones que origina unos impulsos o factores de motilidad con nula o difícil resolución objetual.
Por otra parte nuestra organización neurocerebral se ve afectada en lo cognitivo: recibe un mensaje oral y a la vez otro simbólico, operativa del neocortex y unas pulsiones intensamente emocionales, cerebro límbico.
Pienso que la televisión y los juegos de consola han de ser estudiados y comprendidos en la relación estrecha que creo guardan con el aumento de la conflictividad social, la resolución positiva de las pulsiones generadas, la desestructuración compulsiva, la identificación emocional etc., muy importante en el proceso de convertirse en persona.
Vivimos en una sociedad de riesgo, vulnerable y frágil. La creencia racionalista exaltada por la ilustración tiene que ver mucho con el nuevo mito de las ciencias y los avances tecnológicos y nos ha dado "una crédula certeza" en el poder y fortaleza de nuestra sociedad y del mismo género humano.
Pero pienso también en otra fragilidad que afecta mayormente al individuo como persona independiente. Me fijaré en dos causas directamente relacionadas con la fragilidad y vulnerabilidad de las personas: el cambio permanente. Podríamos denominarlo como la revolución en la revolución de esta era, que nos obliga a continuas modificaciones y expectativas; esa vivencia que he denominado " continua frontera". Este cambio afecta a todos, pero de forma diferente. La segunda causa podríamos definirla como "autismo bipolar tensado". El vivir aislado y autónomo, y a la vez totalmente interelacionado e interdependiente, favorece "ese autismo", ese aislamiento y esa tensión impuesta por las múltiples dependencias e influencias originadas en cualquier lugar del mundo.
La velocidad de los cambios, el tiempo real, la "desaparición" del tiempo y del espacio por los flujos nodales de información, "el tiempo atemporal", (Castells), nos obliga a madurar en un "tempus psicológico" más cambiante y rápido, estresandonos neuronal y hormonalmente durante nuestra vida, (cada día se adelanta más la edad en que aparece los signos evidentes del desarrollo sexual, de la pubertad, especialmente entre las niñas) con las consecuencias madurativas emocionales, afectivas e intelectuales.
Urbanícola de megápolis. La tendencia acelerada de la concentración en grandes urbes residenciales como las únicas zonas habitables permanentemente, provocará, según los diferentes informes de los expertos, que en este siglo las 3/4 partes de la humanidad resida en grandes y extendidas megápolis cercanas a los grandes mares y océanos. Las consecuencias ecológicas, de infraestructuras, distribución alimentaria, aguas potables y energías serán enormes.
Estas grandes concentraciones reforzarán las estructuras de poder e información y la organización del trabajo en manos de poderosos centros de poder y decisión, con el consiguiente aumento de mayor riqueza en los grupos más ricos, y el aumento de la pobreza en los grupos más pobres, contribuyendo a la fractura social y a la llamada sociedad de los dos tercios y la generación de grandes bolsas de pobrezas en los mismos entornos de estas grandes concentraciones urbanas.
De otra parte deberemos reflexionar en la contradicción entre urbanícola megametropolitano, el aislamiento interdependiente de la red y la situación vivencial de sentirse parte de un mundo globalizado y mundializado, sensación, la mayoría de las veces, de sujetos pasivos y televidentes.
Estamos viendo como nuestra sociedad se hace cada día más convergente, compleja, transversal y a la vez, divergente y simplificada.
Para concluir estas características sobresalientes de la nueva era, que no pretenden ser exhaustivas, ni en cantidad ni en calidad, desearía mencionar la identidad individual y las identidades colectivas en la sociedad informacional. "Las identidades son fuentes de sentido para los propios actores y por ellos mismos son construidas mediante un proceso de individualización"…" las identidades organizan el sentido, mientras los roles organizan las funciones". Castells.,M. 2000. "Así pues, la planificación reflexiva de la vida se vuelve imposible, excepto para la elite que habita el espacio atemporal de los flujos de las redes globales y sus localidades subordinadas. "Igualmente" la construcción de la intimidad basada en la confianza autónoma frente a la lógica interconectora de las instituciones y organizaciones dominantes".
Parece evidente que nos preguntemos en qué y cómo se puede ver afectado el individuo, la persona en su identidad en una sociedad tan cambiante y transformada. Resulta manifiesto que hablamos de identidad, pero cada identidad personal se conforma y expresa, se construye en diferentes planos, desde el biológico al social. También nuestra identidad espiritual se verá notablemente cuestionada.
Una de las características de los grandes cambios y retos que sufre nuestra identidad se refleja en la identidad sexual. Los hombres que hemos confundido durante toda nuestra existencia nuestra identidad sexual con nuestro rol de "macho", nos vemos en una situación de grave crisis. Hemos confundido sexo, que es el conjunto de información, genética, embrionaria, morfológica etc. de cada individuo, con sexualidad, que por el contrario, significa el cómo cada individuo, cada persona, vive y desea vivir responsablemente su sexo.
¿QUÉ PODEMOS HACER?
No creo necesario incidir desde cada una de las transformaciones de la nueva era y su relación directa con la persona; además todos convendremos que en la sociedad red, como la hemos definido, es ineficaz buscar u ofrecer una receta, o pensar que los conflictos no se encuentran multirelacionados, que son completamente diferentes. Es palpable el proceso continuo que el individuo, como protagonista y como sujeto pasivo, sufre en estas nuevas condiciones de su entorno, es de suma importancia y representa un nuevo reto en su evolución social, cultural y antropológica.
"El hombre del futuro será muy distinto del actual y habrá que facilitarle su adaptación biológica a un nuevo estado civilizado, supermecanizado y universalista; y especialmente, habrá que guiar su desarrollo mental". Rodríguez Delgado, J.M. Madrid 1972
Nos encontramos en un momento crítico de la historia, el mismo proceso de la vida humana se encuentra cada día más en nuestras manos y muchos se preguntan si deberíamos comportarnos como "idiotas" esperando no se sabe qué. Otros, al igual que en miles de ocasiones a lo largo de la vida humana, se lanzan a la búsqueda de unas nuevas orientaciones, Castells termina su trilogía con una cita que, a mi parecer, engrandece su obra después de habernos orientado en la maraña de la nueva sociedad y habernos descubierto "que lo que hayamos podido ver en el espejo, puede que no nos guste". No es un cándido optimista, pero dice con Neruda: " y seguimos amando el amor y con nuestra directa conducta enterramos a los mentirosos y vivimos con los verdaderos".
No se trata de "un nuevo orden", sino de un ORDEN NUEVO, totalmente basado en valores diferentes, no una prorroga del antiguo, caduco e injusto.
He dicho que la nueva sociedad se feminiza: esto no debe ser un suceso, un fenómeno tomado a regañadientes, ha de ser un bien a alcanzar en lo social y en lo personal que trastoque el poder y su ejercicio. "La marginación de las mujeres y la destrucción de la biodiversidad son procesos que van unidos". Vandana Shiva. Entrevista El País. 27,1,02.
El saberse y comprenderse como femenino/masculino romperá nuestras corazas mentales, emocionales y culturales, y favorecerá ese orden nuevo, de nuevos valores, en la economía, la política y la organización social.
En los momentos y épocas de crisis, y ésta lo es en profundidad y extensión, las salidas no deben ser precipitadas, no son fáciles y la vuelta atrás imposible y a mi juicio catastrófica. No es posible volver al "becerro de oro" y es necesario "subir a la montaña" para encontrar la nueva orientación, un código nuevo,
Por otra parte los continuos descubrimientos de la biología, la genética, la ingeniería nos trasladan a esa perpetua frontera de la que hablábamos y nos sitúan ante el riesgo y lo desconocido. La virtualidad real, el tiempo real o el tiempo-atemporal, nos han acercado a una ubicuidad continua donde lo lejano puede ser lo más cercano, la proximidad del otro puede ocupar nuestra intimidad más profunda.
La ética, como expresión social de nuestros paradigmas y modelos, como basamento de nuestro pensar y actuar como personas, se ve embestida e interrogada y la respuesta individual y colectiva se hace, cuando menos, difícil. Tampoco la mediación, de la que tanto se habla y espera hoy, puede basarse en valores o modos de vidas caducos; la mediación y el mediador ha de vivir, comprender, buscar y sentir estos nuevos paradigmas.
Nuestra antigua ética se basaba en el entorno físico y social del que nos habla Echeverría; correspondía a una civilización urbana de lo cercano al individuo y al grupo, a sus necesidades y cultura, a la defensa contra un medio físico o social hostil, a la búsqueda de una seguridad para el individuo, la pareja y su prole que podía extenderse al grupo de los iguales. Todo eso se ha venido abajo, el corpus ético que lo soportaba ya no es suficiente y cuando reaccionamos desde su óptica la respuesta es remisa, no recurrente y contradictoria; no nos satisface y genera conflictos graves.
No tengo una receta pero pienso que nuestra nueva ética habrá de fundarse en la nueva proximidad, en la consideración de las minorías culturales, étnicas o sociales como la diversidad de lo propio y próximo, en un mundo de próximos planetarios, del que nosotros, a la vez, somos minorías de otros o en otro momento o dimensión. Habremos de tender hacia una ética flexible, que no quiere decir inconsistente; autónoma y por ello informada, con criterios científicos y libres; solidaria en sentido horizontal - a y para todos y de todo lugar - y vertical, con las generaciones anteriores, ( memoria ) y las venideras, que considere nuestro mundo como parte de nosotros; de derechos y deberes de todos y durante toda la vida, donde el primer derecho es el deber de ser responsable.
Una sociedad que según todos los expertos es cada día más injusta y los más pobres son más numerosos y empobrecidos, mientras los ricos son más ricos, debe encontrar estructuras organizativas y políticas solidarias de manera urgente e innovadoras, temiendo presente la internacionalización y globalización.
Hoy hablamos de memoria externa y artificial y ello me lleva a preguntarme sobre la función de la memoria, nuestra memoria, en los procesos por los que nos hacemos y conservamos como personas. Creo que puede ser peligroso abandonarnos en esa memoria artificial y que ello no sería una liberación, sino una entrega expoliadora.
En estos momentos en los que estamos comprobando como "los señores del aire" (Echeverría) se adueñan de espacio exterior y quieren conquistar nuestra intimidad, es muy necesario que controlemos quién manda, qué desea dominar y con qué tecnología. La censura, el dominio de la red, tanto por autoridades públicas y sus policías, como por empresas, léase Microsoft, dominan las tecnologías, los flujos nodales, los contenidos y las bases de datos. Que sólo le entreguemos la parte de nuestra memoria técnica o que nos entreguemos totalmente en nuestra intimidad, será determinante en esa nueva era, en el individuo globalizado: seremos personas o "teleindividuos".
La responsabilidad del aprendizaje permanente para todos es hoy, a mi entender, lo más urgente y a la vez la tarea que nos exigirá mas esfuerzos e innovación. El aprender no es exclusivamente una meta con unos objetivos sancionables, es un proceso abierto, una actitud vital indagadora y agradable, contraria a todo método coercitivo, separado de la vida y medido por estancos y exámenes llaves. Nuestro aprendizaje será el aprendizaje de saber hacer y procesar.
Ayudar a saber pensar es lo más peligroso para el poder y la principal preocupación de posturas y concepciones conservadoras, integristas y fundamentalistas. Incluso a nivel de la propia persona: pensar es un riesgo que puede intranquilizarnos.
Creo necesario resaltar que hemos olvidado demasiado tiempo la emoción y la sensibilidad como ingredientes básicos y obligatorios de la inteligencia y de los aprendizajes inteligentes. Nada más erróneo, sólo podremos aprender inteligentemente con la razón, la emoción, la sensibilidad, en definitiva con todo el cuerpo.
Para terminar estas reflexiones desearía reconocer el valor de un principio prioritario de todo aprendizaje y que hoy, en un mundo tan cambiante como tantas veces vengo repitiendo, se hace aún más apremiante: la anticipación. En una sociedad que puede anticipar virtualmente cualquier situación, no nos es permitido seguir atrapados por los acontecimientos.
Si por un lado no podemos ser muy optimistas, dado que nunca tanto poder ha estado en tan pocas manos, por otros existen claros signos positivos: un movimiento feminista cada día más consolidado que crea opinión en mujeres y hombres, una conciencia ecológica crecientemente organizada, esbozos participados a nivel mundial que reclaman y luchan por instituciones mundiales representativas de una nueva gobernanza como el Tribunal Penal Internacional y la consolidación de la necesidad de la política como modelo de la ordenación mundial en esta nueva era. Aunque debemos huir de mitos, Porto Alegre puede representar un camino positivo.
Y desde esta sociedad, desde esta ERA NUEVA podemos vivir el mandamiento nuevo, el Amarás a Dios, el amar a los hermanos como Jesús no amó, que es la base de toda la espiritualidad Cristiana. Con estas “redes” habremos de encontrar las nuevas imágenes, los códigos que nos identifiquen, la organización que nos desarrolle, la religión que nos libere, las nuevas palabras que nos signifiquen y esa ESPIRITUALIDAD NUEVA que dignifiquen en nuestro ser humano, que los cristianos reclamamos como imágenes de Dios.
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Francisco Barco Solleiro Pacolina@telefonica.net
