martes, febrero 27, 2007

En torno a ¿Iglesia.., qué Iglesia? Aclarando ideas y tomando postura

A continuación coloco mi respuesta a un breve escrito aparecido en EcleSALia, que también transcribo
En torno a ¿Iglesia… ¿qué Iglesia?
Francisco Barco Solleiro
Sevilla

A la Iglesia virtual que se reúne en EcleSALia.
Ya somos más de ocho mil las personas que acudimos directamente a sus atrios e infinidad las de las diásporas. A todas ellas: PAZ Y BIEN.
Llevo reflexionado y orando desde que leí el escrito de Santiago Daniel desde la Laguna, al menos en los tiempos libres que me dejan mis actividades, y deseo manifestar que no me ha dejado indiferente. Es más, he debido contenerme, aplacar mi vehemencia y esperar antes de ponerme al ordenador.
Reconociéndome en el espíritu de la carta a los Gálatas me he atrevido a escribir estas consideraciones, a expresar mis perplejidades y exponer mis preguntas. Pido disculpas y agradezco vuestras consideraciones. No deseo iniciar una polémica.
Dice Santiago Daniel que Jesús llamó a los necios, los insignificantes, pienso yo que gracias a ello me puedo contar entre vosotros, pero “de este mundo”, ¿no? No creo que tenga esta actitud de Jesús nada en contra de la obligación humana y la responsabilidad cristiana de pensar, de conocer, de tener criterios fundados.
Es más. Según manifiesta en su escrito nuestro hermano de la Iglesia de la Laguna, es profesor, no sé si de religión católica, o de otra asignatura, pero profesor, y esto supone, entiendo yo, que trabaja responsablemente por ayudar a sus alumnos en el descubrimiento, la investigación, los aprendizajes en libertad, con conciencia crítica que les ayude a ser personas libres, autónomas, críticas y solidarias. Entonces ¿por qué manifiesta un cierto rechazo a teólogos, científicos, pensadores…?
Parece que tiene una obsesión contra los cristianos por el socialismo, dos veces se refiere a ellos despectivamente en un escrito tan corto. ¿No manifiesta un cierto juicio de valor peyorativo, algo de lo que en su mismo escrito abomina?
El amor nos abre el corazón y los ojos, pero no nos quita el juicio. Además ¿qué podemos pensar de los juicios de Jesús a los escribas, fariseos, al poder, a los sacerdotes, de la parábola del samaritano, qué decir de la actitud del admirado Pablo con los que siembran la discordia en la comunidad, los que se emborrachan antes de recordar la Cena del Señor, con Pedro, con Bernabé…? ¿No parece que usa la palabra del Señor como una verdad contra los otros, como arma arrojadiza, e interpreta los textos en el sentido que le conviene? ¿No está catalogando a los demás? Me recuerda a aquellos discípulos del Señor que andaban preocupados por los que sanaban en nombre de Jesús sin ser de ellos.
No quisiera polemizar demasiado y no entro a valorar lo “del Belén”, pero ¿no parece añorar una cierta cristiandad contraria a lo de la sal de la tierra, a la pequeña semilla de mostaza que es el Reino de Dios?
Además, en qué quedamos, ¿somos nosotros los que construimos la Iglesia o es el Espíritu de Dios?
Para concluir ¿no parece que está tomando partido por unos, los vencedores? ¿No creemos, y hablo de cristiano a cristiano, que el perdón, el único perdón que nos enseñó Jesús, el del Hijo pródigo, el que pedimos y ofrecemos cada día en el Padre Nuestro, es aquel que devuelve la dignidad al ofendido? ¿Qué mejor devolución de la dignidad de alguien matado, asesinado, escarnecido, que lo que intenta hacer la “memoria histórica” que, a mi entender, con tanta superficialidad, partidismo y falta de caridad se denigra en el escrito? Los vencedores tuvieron su recuerdo y su dignidad, y esto no se lo quita.
No os distraigo más. Deseo terminar con agradecimiento y con las palabras de Pagola en su comentario a la Cuaresma aparecido en estas páginas días pasados: “Es diabólico organizar la religión como un sistema de creencias y prácticas que dan seguridad. No se construye un mundo más humano refugiándose cada uno en su propia religión. Es necesario asumir a veces compromisos arriesgados, confiando en Dios como Jesús”.

Paco Barco
Pensionista, abuelo y cristiano por el socialismo no por ni con exclusión.
Sevilla 25 de febrero 2007

Sigue el artículo de EcleSALia
ISSN: 1579-6345
ecleSALia 23 de febrero de 2007


IGLESIA… ¿QUÉ IGLESIA?
SANTIAGO DANIEL CATALÁN
LA LAGUNA (TENERIFE).

ECLESALIA, 23/02/07.- Preguntaba la semana pasada a mis alumnos de 6º de Primaria “¿qué entendían por la palabra IGLESIA?”.
La cuestión fue planteada con la idea de poner sobre el tapete todas las concepciones que cada cual se ha ido haciendo sobre ella a lo largo de sus 11-12 años de edad. Salvo algunos niños y niñas a quienes este término no les decía nada (porque para ellos Dios no existe o porque han tenido una experiencia desilusionante de ella)… el resto me sorprendió por sus respuestas tremendamente positivas (basadas en su experiencia de la misma).
Acabada la clase de Religión me quedé pensando en sus comentarios y el diálogo-debate que luego se derivó de las distintas opiniones expresadas y comprobé cómo esta Iglesia que los “entendidos” disocian y catalogan –según sus propios prejuicios y no según su realidad, todo hay que decirlo- como “integrista o arcaica, inmovilista y tradicional, conservadora” o “progresista, renovadora, más fiel al Evangelio y, por lo tanto, más cercana al ser humano y a los valores evangélicos” no se corresponde con lo que es realmente (los niños dicen lo que ven y en esa sencillez descubren verdades como catedrales) y yo, francamente, prefiero creerles a ellos que a las elucubraciones de tanto iluminado que se cree con la capacidad de juzgar y condenar no sólo hechos y/o apariencias de algunos sino de entrar en las descalificaciones o juicios gratuitos sobre algunas de las personas que forman esta Iglesia.
Jesús llamó a su seguimiento lo necio, lo insignificante… para confundir a los sabios
Lo dijo un conocido, ¿le recuerdan? Cada vez que releo ese texto… y pienso en mí mismo… le doy toda la razón. Aquel hombre tenía un profundo sentido de la humildad; tampoco en todos sus escritos he visto ni una sola expresión de condena a nadie ni de atreverse a juzgar a los demás, siguiendo así fielmente las enseñanzas del Maestro.
Pero ¿qué es lo necio?, ¿qué es lo insignificante? ¿Son los teólogos de una y otra escuela teológica?, ¿son los gnósticos autoidentificados como cristianos?, ¿son los miembros de movimientos cristianos vanguardistas, progresistas, cristianos por el socialismo, etc...? No, ¿verdad?, no se nos ocurriría pensar en ellos; yo, al menos, no creo que lo sean. ¿Cómo van a ser éstos los necios e insignificantes con lo que saben –o creen que saben-? No, nada de eso, los necios e insignificantes son los otros, los que no comparten los análisis de estos grupos (según he podido leer en ecleSALia en más de una ocasión).
Pablo se refería no a algo estúpido -o con las connotaciones que hoy le damos a esos términos- sino a aquello o aquéllos que en su pequeñez, en su sencillez viviesen enamorados de Cristo y a Él se entregaran por entero sin buscar hacerle el juego al sistema, sin entrar en diatribas contra nadie, sin apologías o demagogias,… pero viviendo intensamente sus propia fe con la simpleza e ingenuidad candorosa de quien todo lo cree por Él y en todo se confía en Él porque se siente con Él como un niño con su padre/madre.
Quien vive así… no se entretiene en juzgar ni en condenar a nadie; sencillamente vive y es coherente en esa vida, no excluye a nadie quizás porque no se cree superior a nadie, puede que sea porque –como Pablo- se siente como el último, humilde y sencillo que ha entendido que “no es a él a quien le corresponde segar la cosecha y separar el trigo de la cizaña”.
Pues bien, mis alumnos de 6º de Religión… me dieron a entender que “captaron esto perfectamente” porque al hablar de sus concepciones de la Iglesia me hablaron de personas y de palabras que en medios “muy progresistas”, muy por lo de “cristianos por el socialismo y demás”, se tacharían de todo menos de reconocer que son tan iglesia como el que MÁS. Me hablaron de personas, hechos y actitudes por ellos y ellas observadas que muestran muy a las claras “como Dios llega al corazón de todos a través de lo que puede ser decepcionante a todas luces para otros”.
¿Es esto un misterio? No, yo no le llamo “misterio” (ya hay bastantes y de mayor calado para que vaya yo ahora a incluir otro más). Yo le llamo a esto “mirar la realidad con ojos limpios”, observar la vida desde ella misma, no desde los propios pre-juicios. Estos niños y niñas dejarían confundidos a muchos sabiondos y no sería, precisamente, por sus apabullantes argumentos teológicos, sociológicos, filosóficos ni antropológicos…. sino por la contundencia incontestable de lo que ellos constatan a diario.
Somos todos como nuestro propio cuerpo
También es del amigo Pablo esa comparación y es acertada porque… así es esta Iglesia en la que no sobra nadie, ni siquiera los curas carcas, ni algunos obispos (los “purpurados” que dicen algunos), ni los niños que quieren que no repriman su derecho a expresar su fe haciendo un belén en su colegio que, dicho sea de paso, es más de ellos que de los profesores que trabajan allí porque son sus familias quienes lo pagan y no la directiva de turno de ese colegio,… ni tampoco sobra el militante de partidos “no-progresistas” (como si fueran realmente “progresistas” los que se autodenominan como tales) que profese la fe cristiana...
¿Le sobró a Jesús alguno de los apóstoles que decidieron dejarlo todo para seguirle? ¿Recibió Pedro la condena y reprimenda del siglo por negarle tres veces antes de cantar el gallo?, ¿cómo le miraría Jesús para que rompiera a llorar como lo hizo?... yo juraría que aquella mirada debió ser la más tierna y amable que jamás aquel rudo pescador pudo haber recibido; lo sé porque en mi ejercicio docente… sé que es ese tipo de miradas las que mejor reacción produce en los niños y niñas, aún en las peores catástrofes.
No, no sobró nunca nadie; tampoco hoy sobra nadie… ni sobrará, aunque el mundo viva su cristianismo, su adhesión a Cristo de manera incomprensible para los demás. ¿Por qué pues nosotros sí perdemos el tiempo en juzgar y condenar?
A esto sólo le encuentro una explicación: no hay verdadero amor en nosotros, no creemos que de verdad Él está presente en cada hermano, en todos, por favor, en todos, entendámoslo bien y de una vez. Dios es amor y si eso lo fuera de verdad para nosotros… también nosotros seríamos amor para todos sin ninguna exclusión. Quien ama… no juzga ni condena. Quien ama no cataloga ni encasilla ni se autocataloga ni autoencasilla.
Estamos llamados a ser la Trinidad entre los hombres y mujeres de nuestro mundo
Si hay en nosotros amor de verdad… irradiaremos amor: no podemos rezar el Padrenuestro si no podemos llamar “HERMANO” al de derechas y al de izquierdas, al conservador y al progresista, al de aquí y al de allá, al españolista y al independentista, al que habla castellano y al que habla cualquier otro idioma,… por igual,… porque “para Dios no hay ya esclavo ni libre” en esta Iglesia sino que todos y todas gozamos de la misma dignidad humana que está basada nada más ni nada menos que en ser imagen y semejanza de Dios. (Y en eso está toda la humanidad, dicho sea de paso). La diversidad no sólo no es mal alguno sino que es algo connatural, es una riqueza y no un problema. (El único problema es la intolerancia que practicamos con aquéllos a los que tachamos de lo que somos nosotros, proyectándonos en ellos, creyéndonos mejores que ellos).
Si nos fijamos en la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y en sus relaciones y cómo habla de ella la Biblia –no hace falta ni siquiera acudir a tratado teológico alguno sobre este tema, basta sólo la Biblia, como si ella fuera poco- nos daremos cuenta de que nuestra dignidad humana se fundamenta no sólo en los atributos de Dios sino también en las particularidades de esta Trinidad; estamos llamados a vivir en comunidad al estilo de la Trinidad: amor, donación mutua, identificación con el otro (a pesar de las diferencias), búsqueda del bien común (común a todos, no sólo el de unos ignorando el del resto),… ¿hacen falta más “detalles”?
¿Es así la Iglesia que queremos construir?,… o ¿qué Iglesia queremos hacer si no es ésta? ¿Es ésta la Iglesia que estamos haciendo con nuestros atrincheramientos, descalificaciones, exclusiones y demás?… o ¿estamos depositando en sus cimientos la dinamita que la acabará desintegrando?
Conclusiones
Con razón me decían unos abuelos de mi pueblo natal cuando yo rondaba los 8 años: “Mira, Danielico, lo más importante de todo es que no hagas mal a nadie, ni siquiera con el pensamiento, y hagas todo el bien que puedas a quien puedas”.
Ninguno de ellos sabía siquiera leer; “sólo” iban a Misa los domingos y solían rezar el rosario los sábados por la tarde en la parroquia del pueblo (sólo había y hay una); no habían leído en su vida un solo libro de Teología ni tampoco se las daban de sabios…; no eran franquistas ni antifranquistas, ellos no sabían de estas fronteras que nos hemos inventado para justificar nuestra negación a mirar al otro con ojos limpios y verle como HIJO de Dios y hermano nuestro (ya habían vivido el absurdo de una guerra civil que rompió familias y generó un enorme dolor que algunos ahora se empeñan en resucitar apelando a la “memoria histórica” cuando no fue otra cosa que “la peor de las aberraciones humanas” de la que sólo vale la pena saber “qué no debemos volver a repetir: ni en sus causas que la provocaron, ni en su desarrollo ni en sus consecuencias”… porque en ella todos y todas perdimos y nadie ganó; todos nuestros políticos debieran haber enterrado ya lo que ni siquiera vivieron –como así parecía en aquel consenso de 1978- y mirar hacia el futuro de una vez por todas).
Iglesia… sí, la de Jesús, la que no excluyó a nadie y la que desde lo sencillo, lo humilde y necio… pero con la presencia del Espíritu de Dios que la hacía vivir como tal, aún a pesar de las diferencias o discrepancias; la que no excluye ni demoniza a nadie, la que es capaz de pronunciar la palabra hermano con la más absoluta naturalidad a todo ser humano sean cuales sean sus circunstancias ambientales y/o personales. En ésa sí cabemos todos y todas y a ésa me apunto yo, no a la de los nuevos fundamentalistas que tratando de ridiculizar posturas de otros miembros de la Iglesia y reclamando fidelidad al Evangelio caen en las mismísimas acusaciones que vierten sobre los demás.
¿Es tan difícil concluir en que “aquí no sobra nadie” y que otra Iglesia es posible si dejamos de excluir al resto? ¿Es tan difícil entender que esta comunidad que es la Iglesia (eso significa, precisamente, esta palabra) necesita ser construída entre todos y todas? ¿Es tan difícil comprender que no somos competidores unos de otros sino que todos somos complementarios y que de todos podemos aprender a poco que tengamos algo más de humildad? ¿Es tan difícil darnos cuenta de que la autosuficiencia que ya tentó a Adán en el mito del paraíso es la que nos está llevando a no ver en el otro a Dios mismo? ¿Es tan difícil reconocer la esencia misma de nuestro ser personal y comunitario a imagen y semejanza de Dios? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
Invito a entrar en éstas y las cuestiones que se quiera –o discutir cualquier parte de este escrito- con quien lo desee contactando con santi_25_7@yahoo.es
¡Un abrazo!.
Paz y bien. Santi, un cristiano de a pie.

sábado, febrero 10, 2007

REFLEXIONES ANTE LA SITUACIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA ACTUAL

REFLEXIONES ANTE LA SITUACIÓN POLÍTICA ACTUAL EN ESPAÑA Y ANDALUCÍA EN RELACIÓN AL ESTATUTO DE LA AUTONOMÍA

Aunque se encuentra todo muy relacionado me interesa reflexionar por separado la situación política actual y el caso del Estatuto Andaluz.

1º En cuanto al Estatuto pienso que hay que votar y votar sí.
Y digo sí, independientemente de considerar que con el Estatuto anterior se podía y debería haber hecho mucho más, porque era un marco constitucional suficiente para un máximo posible de programas políticos, y que el Estatuto nuevo no solucionará nada si la sociedad y los partidos políticos no tienen voluntad para cambiar, pues es sólo es un marco constitucional, legal, que puede servir, en este caso creo firmemente que sí, para propiciar y amparar un cambio o mejora en las condiciones económicas, sociales, culturales…, de los individuos y de los colectivos andaluces y del resto de España.
El panorama de partidos y líderes parece más bien estancado, falto de ideas y renovación, cuando no inmerso en intereses partidistas e incluso en corrupciones, y la derecha evidencia sus mala aceptación de la democracia y de no controlar el poder como algo suyo.
Los partidos lo están presentando y defendiendo o negando, como si fuera un programa, - su programa - , flaco favor que conduce a la confusión y posteriormente a la decepción ciudadana, y no como un texto legal, como un principio y marco de actuación, de derechos y deberes.
Yo creo que dado el movimiento autonómico/federalista presente en nuestra sociedad y la actualización de los marcos legales de la distribución territorial del Estado, Andalucía tenía necesariamente que actualizar el suyo, y lo ha hecho. Es más, si no bastara este argumento, debemos contemplar la situación política de la UE, los movimientos que en ella se están produciendo, incluida la ampliación y el reconocimiento de algunas regiones, tanto dentro de su territorio como fuera de él (léase Kosovo, entre otros) y la ausencia, por negación de algunos de los Estados, del Tratado Constitucional que nos obligará hacer más política desde la comunidad autónoma y desde el fortalecimiento de los Ayuntamientos, incluso en unos momentos en que la política europeísta es de baja intensidad.
Ante esta situación es urgente que Andalucía tome postura, actualice su posición, la clarifique y cree unos recursos legales que le permitan flexibilidad, aumento del protagonismo y fuerza política y legal en el marco Constitucional Español y en el marco constitucional/legal y político de la Nueva Europa.
El nuevo Estatuto propicia y favorece esto, otra cosa es que luego seamos capaces de llevarlo a cabo

2º La situación política española.
A este nivel sí estoy más preocupado y pesimista. Estoy convencido de que en la reflexión, el diálogo y, desde luego en la política, no podemos ser, no digo trágico, ni siquiera dramático, y muchas veces lo teñimos todo de un dramatismo que nos parece lo más grande jamás ocurrido y nos exige convertirnos en “protagonistas salvadores”. Desde esa postura de calma, alejada de dramatismos, diría que estamos en un momento muy complicado, basta observar la situación de la justicia, el uso y desprestigio del Constitucional cuya composición y funcionamiento creo necesario abordar y reformar urgentemente.
Es preocupante la importancia tomada por los nacionalismos. Creo que los nacionalismos favorecen las hegemonías de los poderes ecoónimcosfinancieros excluyentes y son un claro exponente de un retroceso en la búsqueda de la identidad individual y colectiva que las circunstancias del cambio civilizatorio nos urge, en vez de fortalecer la autonomía personal, la ciudadanía como derecho político, social y económico y el desarrollo armonioso de la persona.
Es de temer la ausencia de control y de transparencia del poder económicofinanciero que, a la sombra de todo este tumulto y falta de rigor político, hace y deshace, engulle, absorbe e incrementa sus ganancias, sus alianzas, sus redes de poder.
Es muy peligroso el uso y abuso de los poderes del Estado de forma mafiosa, introduciendo la corrupción de los intereses corporativos-económicos-políticos-ideológicos-de clase y trasvasándolos de uno a otro, viviendo parasitariamente en cada uno de los demás y deslizándose como mancha de aceite entre todos los cobijos y resortes de cada poder, que decimos independientes. Hablan muchas veces de separación de poderes pero practican en su beneficio lo contrario. Si hablamos del poder judicial, que hipócritamente se dice independiente, ya era sabido su situación, hoy resplandece el uso, algunos hablan de golpe de Estado judicial, comprobaremos que la derecha lo usa en su beneficio sin creer en la democracia.
El mismo Parlamento se ha convertido en un lugar donde se acalla y ensombrece la actividad política, el poder legislativo se oculta para ofrecer el espectáculo de la intriga, el desdén y el cainismo más cínico posible.
Los medios de comunicación (más de incomunicación y descerebración), la Iglesia, defendiendo y facilitando una labor ideológica reaccionaria de conservación del poder, son ejemplo de lo que digo.
Todos hablamos de la corrupción municipal, del amiguismo y enchufismo, en los cargos y empresas públicas, muchas convertidas en fundaciones sin control ni transparencia democrática o parlamentaria, salvo el Tribunal de Cuentas, de cómo estas sirven de cementerio para políticos en declive, donativos laborales para familiares, allegados, donantes, nuevas áreas de poder y enriquecimiento...
Todo esto, que nos incita y quieren que nos inciten quienes no les interesa la democracia y la participación, nos debe motivar e iluminar en la necesidad de SER Y HACER POLÍTICA. Somos políticos, aunque no queramos, es más, es una de la forma más extendida de hacer política, aunque sea por el honorable deseo de ser puros, y que más contribuye al descontrol público y la aparición de corrupción o actitudes fascistas amparadas en emociones. Quizás nos debamos esforzar en indagar y aventurarnos en la búsqueda de nuevas formas de participación ciudadana política que se corresponda con la nueva época como una de las exigencias más urgente de nuestra sociedad y de nuestro deber ético.
Hay alguien que ha escrito que debajo de toda esta corriente de confusión, desprestigio y desgana, se encuentra un verdadero objetivo político para alcanzar el poder de la derecha más rancia y reaccionaria española, que a la vez está haciendo invisible al Gobierno actual y al modelo de gobernar de éste,(Joaquín Estefanía) y que debemos desenmascarar.
Conviene recordar y rescatar públicamente un verdadero y creativo modelo de gobernar y de hacer política reflejado, sin ir más lejos, en las numerosas e importantes leyes llevadas al Parlamento y aprobadas: Dependencia, reforma del Código Penal en lo relativo al matrimonio, mujeres maltratadas, reforma de las Administraciones, apoyo económico al patrimonio de la Seguridad Social… Un ejemplo claro podría ser el ministro de Administraciones Públicas y la reforma lenta y con participación que va llevando adelante.
A la izquierda real, la que nos alumbra, la que gobierna o apoya al gobierno, le debemos pedir que se plantee estratégicamente el futuro y su futuro con la creación entre otras cosas, de un verdadero plan de formación adecuada y permanente de sus cuadros y el empeño de hacernos participes a todos actuando con la mayor transparencia, promocionando a jóvenes como alternativas a sus cuadros actuales, creyendo realmente en la mujer…Su falta de autocrítica y propuestas alternativas viables y arriesgadas, su autocomplacencia…es, cuando menos, frustrante.
Mientras seguimos sin pensar y trabajar en un planeta, en unas estructuras globales que nos obligan a plantear todo desde perspectivas globales y con verdadera prospectivas: seguimos sin políticas migratorias, sin una verdadera política ambiental que nos debe hacer cambiar nuestras políticas turísticas, forestales, de distribución del territorio…
Todo esto, y para terminar, dentro de ese mundo complejo que tenemos la oportunidad de vivir.